5 aportes a la Política Nacional de Educación Ambiental

Desde la mirada de la Ecología Social, analizamos la Política Nacional de Educación Ambiental y proponemos 5 puntos para tener en cuenta.

Por Andrea Gómez Recinos

Tal como decíamos en otra ocasión, cuando hablamos de Ecología Social nos referimos a replantear la manera en que nos comprendemos como colectivo, cuestionar nuestra percepción del deber y nuestra sintonía con la naturaleza. La ecología social como praxis política, concibe prácticas para revertir el proceso de destrucción del medioambiente.

Debido a este componente activo, proponemos un prisma para observar la Política Nacional de Educación Ambiental (2003) la que intenta promover una cultura ambiental a través de la transmisión, aplicación de conocimientos, formación en valores y actitudes que conduzcan al desarrollo sostenible del país. Dentro de sus objetivo se encuentra: la transversalidad en la currícula del sistema educativo nacional; sensibilizar a la sociedad sobre una actitud responsable en la conservación de los recursos naturales; orientar el desarrollo de la educación ambiental; incidir en grupos de la población que puedan multiplicar los procesos de manejo racional de recursos naturales; fomentar la valoración de los recursos naturales como patrimonio nacional y desarrollar en la sociedad un sentido de responsabilidad y participación en la temática ambiental.

Nos parece importante hacer una lectura crítica de esta política pública y observarla desde la Ecología Social. En este sentido resulta relevante hacer énfasis en la parte educativa propuesta por el Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales, en tanto es una apuesta por la educación como componente integral de las acciones diarias de los habitantes de Guatemala.

Llamamos la atención entonces sobre aspectos que están en el diseño de la propuesta educativa y cómo éstos pueden ser reformulados e inclusive superados desde la agenda de la Ecología Social que proponemos.

Los 5 aportes

  1. El principio de horizontalidad y no jerarquía propuesto por la Ecología Social contribuiría a generar una currícula de acuerdo al contexto de cada región, y facilitaría la apropiación de las prácticas a favor de la naturaleza, porque las personas tendrían la oportunidad de utilizar su capacidad de agencia y definir para sí mismas conceptos básicos como desarrollo, sustentabilidad, ecología social y por lo tanto, el cuidado de la naturaleza sería un resultado implícito del proceso de reflexión.
  2. Además, aunque se menciona sustentabilidad y desarrollo con una “relación armónica entre los procesos naturales y sociales”, se observa un enfoque ambientalista. Conceptos como recursos naturales, desarrollo y sostenibilidad son recurrentes en ella; dando una visión utilitarista de la naturaleza que responde a un modelo económico capitalista. La política podría incluir las tres fases de la Ecología Social: investigación, promoción de los hallazgos y mantenimiento de su ética en las dos fases anteriores, de manera de fomentar el pensamiento crítico y la comprensión sistémica de nuestra relación con la naturaleza.
  3. No se cuestiona el abordaje que el Estado da al medio ambiente y la manera en que se relaciona con él bajo la dominación de sus componentes. La política en sus líneas de acción ofrece la búsqueda de medidas paliativas para el cuidado de este, pero no busca replantear los hábitos y los valores en todas las dimensiones del ser humano, que se necesitan para detener y revertir los daños. En vez de limitarse a acciones básicas como reducción de consumo y contaminación.
  4. La incorporación de la Ecología Social a la política, las leyes y decretos que puedan derivarse con ella, detendría la dicotomía teórica y práctica que existe hasta el momento entre ser humano y naturaleza. Comprender que el ser humano es meta-biológico, y que su realidad biológica y cultural son una sola, cuestionando los sistemas de explotación de la naturaleza y reconociendo la complejidad de sus interacciones ofrecería una nueva oportunidad al país y la sociedad guatemalteca de convivir en complementariedad; respetando las diversas formas en que las culturas conocen y se relacionan con el ambiente.
  5. Empezar por incorporar la ética ecológica a la Política Nacional de Educación Ambiental y a las prácticas ambientalistas que propone, implicaría incorporar la ética a las dinámicas laborales, sociales y personales entre seres humanos. Esta nueva manera de aproximarse a las dinámicas ecológicas, ya no ambientalistas, permitirían un desarrollo equitativo y sustentable. Repensarlas daría paso a repensar la configuración social, económica, política y espiritual del país y sus condiciones actuales; ofreciendo además la oportunidad de cerrar otras brechas de explotación, dominación y desigualdad, como la pobreza, la falta de acceso a oportunidades educativas, la discriminación, la desigualdad entre géneros y muchas otras problemáticas humanas.

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