Cinco mitos y verdades sobre la Huelga de Dolores

La tradición es tirana cuando se vuelve obligatorio cumplirla porque sí. La Huelga de Dolores ha muerto y hay que sepultarla dignamente porque sus enemigos y los parásitos que viven de ella nunca la dejarán descansar en paz.

En 1898, la muchachada universitaria creó la Huelga de Dolores, una especie de carnaval anticlerical que arranca días después del Miércoles de Ceniza y culmina antes de la Semana Santa, justamente el Viernes de Dolores. En su forma clásica, se basó en el uso del arte y de la sátira para abordar temas políticos y sociales de interés para la población y para el estudiantado.

Los calendarios litúrgicos de la Cuaresma y de la Huelga de Dolores coinciden, lo cual dista mucho de ser casual. Para las y los huelgueros, esta también es una época de reflexión, solo que basada en la irreverencia y en el jolgorio. El Doliente es el pueblo de Guatemala, incomprendido, sufrido y asesinado por las farisaicas élites políticas y económicas del país. La patrona oficial del rito es la Santa Chabela, Nunca Virgen, y los apóstoles son las y los estudiantes, incluyendo al que traiciona.

A lo largo de su primera centuria, esta parodia del rito católico se fue consolidando y surgieron las principales instituciones huelgueras: el Desfile Bufo, La Chalana, La Chabela, el Honorable, el No Nos Tientes, el Santo Entierro, la Misa Huelguera, los boletines, los bonos, las carrozas, el reyfeato, las veladas teatrales, los himnos, las comparsas, las túnicas de colores y las capuchas.

Sin embargo, el hecho que Guatemala haya visto nacer a grandes huelgueros durante varias décadas no significa que, por tradición, ahora deba tolerar a gente ruin y despreciable. Por diversos factores, que a continuación vamos a señalar, esta bufonada se anquilosó, perdió su potencial creador y se convirtió apenas en un metafísico recuerdo, para unos, y en un rentable negocio espurio dentro de la Universidad, para otros.

Mito 1. La Huelga es una tradición y las tradiciones son sagradas.

No hace falta mucho brillo intelectual para comprender que ninguna tradición es inmutable o eterna. En general, la tradición sirve como referente histórico de una identidad, pero no es la única referencia posible ni pervive si se desliga de sus portadores, de sus valores y de sus prácticas concretas. Cosificada y absolutizada, la tradición cae en el ámbito del folklore e imposibilita verificar que siga siendo comprensiva de la función y valoración asignadas.

Mito 2. La Huelga es del pueblo.

Aunque la Universidad de San Carlos de Guatemala ha sido la única universidad pública del país, pocas veces ha sido popular. Las personas que crearon la Huelga muy difícilmente tenían una extracción popular, aunque sí mostraron mucha sensibilidad para dialogar con ello.

Actualmente, la Universidad se encuentra en su faceta neoliberal, es decir, plantea el perfeccionamiento técnico por sobre la consciencia histórica, alejando, además, a la mayor cantidad de gente posible de las aulas.

Como no podía ser de otra forma, la Huelga de Dolores reproduce este influjo ideológico, por lo que los discursos, símbolos y prácticas de los huelgueros son, de hecho, impopulares, es decir, desligados de las necesidades e intereses de las mayorías.

Mito 3. La Huelga tiene potencial revolucionario.

Aunque la Huelga utilice parafernalias de lo popular, en realidad no es reivindicativa de grupos subalternos. De hecho, de un par de décadas para acá, muy comúnmente los afrenta y toma posturas claramente funcionales al sistema de dominación.

De muchas formas puede observarse cómo los huelgueros se han apropiado de banderas conservadoras y de derecha, como es el caso de la oposición a la diversidad sexual y de género, criminalización a los jóvenes, defensa de la militarización y de la pena de muerte y hasta racistas.

Mito 4. La Huelga es arte.

La educación media dejó de enseñar arte, en el más amplio sentido de la palabra, hace muchos años. Ello, lógicamente, ha tenido un impacto profundo en la educación universitaria. Y se ve claramente en la Huelga, pues las capacidades de utilizar el teatro, la música, la danza, las artes gráficas y la literatura para transmitir mensajes políticos son tan pobres que los reyes feos actuales dan pena y los boletines que los «honorables» elaboran dan vergüenza.

Es importante retomar lo relativo a los boletines, pues difícilmente se encontrará en ellos auténticos discursos que, respetando la forma huelguera, sean capaces de aludir a hechos geopolítico, referentes históricos y análisis políticos estructurales, para retomar la coyuntura y explicarla.

Mito 5. La Huelga es militancia política.

La mayor parte de comités y subcomités de huelga, especialmente el «Honorable», está actualmente conformada por ladrones, mediocres y prepotentes que esperan esta época del año para obligar a los estudiantes a pagarles parqueo o comprarles bonos, boletines o cervezas, en contubernio con el Rector, decanos y policías universitarios. Estas alianzas criminales entre los huelgueros y las autoridades pueden verse reflejadas en diferentes hechos: el reciente asesinato de uno de los «dirigentes» del cobro de parqueos, en manos de la “seguridad” de «la U»; los pactos de «gobernabilidad» entre decanos de las más grandes facultades y los huelgueros para que actúen como fuerzas de choque en caso de que movimientos estudiantiles legítimos emprendan acciones que reivindiquen derechos; la necedad del rector de darle un bono huelguero a los maleantes que fueron expulsados de la AEU hace poco más de 3 años; la presencia de asesinos en las “seguridad” del «Honorable», no por nada la misma que cuida las ventas de licor contiguas a la universidad; etc.

El uso intimidatorio de la capucha para cubrir los rostros de los huelgueros, la portación ostentosa de cadenas, bates y pistolas comúnmente disparadas al aire, también dan plena fe de ello.

Si la Huelga de Dolores no sirve para cuestionar de frente al poder constituido y para hacerlo satíricamente, entonces la Huelga de Dolores no sirve. ¿Acaso no es sencillo comprenderlo?

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