El Impeachment y una reflexión latinoamericana

La destitución de Dilma Rousseff de la presidencia de Brasil nos deja una serie de reflexiones sobre los procesos políticos regionales.

El 31 de agosto recién pasado, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, fue destituida del cargo por parte del senado brasileño. El denominado “Impeachment” o juicio político dio inicio en 2015, cuando a la presidenta se le acusó de trastocar el presupuesto del país y de múltiples denuncias por corrupción, contra ella y contra su partido.

Tras conocer dichas acusaciones, la Cámara de Diputados organizó una comisión encargada de conocer el caso (la procedencia o no del “Impeachment”), la cual dio como resultado que el 17 de abril se le apartara temporalmente del cargo para ser “juzgada políticamente”.

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Poco más de 130 días después, el Senado tuvo un veredicto: con 61 votos a favor, fue apartada permanentemente de la primera magistratura del Brasil. Fue así como la frenaron en su segundo periodo (el cual terminaría en 2018) y en general al 4to. gobierno continuo del Partido de los Trabajadores.

ASUNTOS PENDIENTES Y CONTRADICCIONES.
El caso merece abundante análisis, pues supone una serie de complejas y contradictorias circunstancias que es necesario contextualizar: acusaciones de corrupción por parte de una derecha igualmente acusada de corrupción, cese de una presidenta electa dentro de los cánones de la democracia liberal por una vía no electoral, intereses transnacionales en la región, animadversión por políticas sociales, un partido de izquierda cada vez más necesitado de alianzas y a la vez más alejado de sus bases, etc.

Uno de los aspectos más importantes es que durante el “Impeachment” no se comprobó ninguna de las denuncias por corrupción, que al caso no era el fin último del juicio: a Dilma se le condenó por trastocar el presupuesto de la nación, una (mala) práctica (pero no delictiva) constante en todos los gobiernos de la historia del país, según denunció la propia Rousseuff. Pero más importante aún es el hecho de que entre quienes conocieron su caso, se encuentran senadores que tienen aún más serias denuncias de corrupción, incluyendo compra y venta de la justicia para ayudar a escapar a prófugos, sobornos a funcionarios públicos, descubrimiento de cuentas en el extranjero y otros temas relevantes.

Con la destitución de Dilma, la derecha carioca aliada al capital internacional con mega intereses en el gigantesco mercado interno brasileño vuelven a la palestra, no por elecciones, sino por la vía de un “golpe de Estado técnico”, basado no en la fuerza de las metrallas militares sino en la legalidad de los sacos y corbatas de los juristas.

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EL RETORNO DE LAS DERECHAS.
Este proceso, como mencionó Dilma en su discurso tras conocer el fallo, entra en la historia de las grandes injusticias. Sin embargo, más allá de los sentimentalismos nos obliga a analizar urgentemente el por qué del paulatino regreso triunfante de las derechas en países donde habían sido derrotadas en las propias urnas y de alguna manera la sustancia misma de los auto-denominados gobiernos de izquierda, cuyas políticas se basan en los principios de mayor justicia social.

El Partido de los Trabajadores, está enfocado actualmente en lograr un plebiscito para reducir el periodo Temer y en ganar las próximas elecciones. Sin embargo, queda la sospecha de que algunos de sus dirigentes han participado en actos de corrupción con empresas estatales como Petrobras o favoreciendo desde el erario a empresas privadas, como la constructora Odebrecht y también se profundiza la desvinculación de la dirigencia con las bases sociales: movimientos afines al partido pidieron salir a las calles a defender a su gobierno y su dirigencia se negó.

El PT, como los demás partidos de izquierda en la región, han implementado sistemáticas políticas de redistribución de las riquezas, pero en todos los casos, sin distinción, ha sido mediante la negociación con el capital para no transformar sustantivamente los modelos económicos basados en la industria extractivista; también se nota en el grupo de asesores y ministros que han asesorado a Dilma durante los años e incluso en su negativa a tratar demandas tales como Reforma Agraria (exigencia histórico de los Sin Tierra). Ahora que las bases están desmovilizadas, el PT se ha vuelto innecesario, cuando no incómodo, por lo que ha sido abandonado por gran parte del empresariado con el que intentó quedar bien y se dispone a recuperar ese mercado perdido por las políticas sociales.

ACUSA USTED, ACUSO YO.
Por lo menos desde 2013, centenares de focos de inconformes (la mayoría legítimos, aunque claro, los hubo algunos manejados por la derecha fascista que incluso pedía la intervención militar) pidieron al gobierno brasileño que retomara la iniciativa de la inversión social (venida a menos desde la crisis económica de 2008) y sus voces no fueron escuchadas. Por lo anterior, aunque Lula sigue siendo el político más reconocido en la nación, la cantidad de votos ha decrecido y ello se vislumbra en poderes municipales y escaños en las cámaras del Legislativo.

Acusar a ciegas a la oleada de derecha de ser la culpable de todos los males de nuestros países, sin una autocrítica responsable a los errores de los gobiernos y partidos de izquierda, es dejar pasar una oportunidad de oro para ir creciendo en sentido de adquirir capacidad para explicar la realidad y conocimiento para enfrentar una eventual competencia y ejercicio del poder político en un contexto concreto como el latinoamericano.

1 thought on “El Impeachment y una reflexión latinoamericana”

  1. Independientemente de si la presidenta de Brasil fue bien o mal, destituida ( un parlamento tambien es elegido por el pueblo, y se encarga de crear leyes y aprobarlas o desaprobarlas) Uds incluyen un termino en INGLES y titulan el articulo con ese termino. En mi vida de periodista he logrado entender algo: Si queres vender, informar o decir simplemente algo a la gran mayoria de Latinoamericanos ( mas del 90%) NO LO DIGAS EN INGLES. No se hara ni caso y si causa repulsion en mas del 50% de nosotros. El ingles se considera el idioma favorito de la burgesia, es decir de las personas de mayor nivel monetario (terratenientes, empresarios, explotadores) por ello ademas de ser el idioma Yankee, como le costo entender durante la 2da. guerra mundial y periodo de la post guerra, durante los años 50 a los propios EE.UU. el latinoamericano no entiende ni quiere entender ese idioma. O se dice en castellano ( conocido por Español) o es hablar a una pared.
    Espero se tenga en cuenta en futuros articulos, si es que van dirijidos a Latinoamericanos.
    Cuando tuve a cargo de un noticiero en un medio Colombiano en los 90s, cierta periodista, que fuese asesinada tragicamente durante ese tiempo, comunmente usaba terminos en ingles. Las llamadas llovian al medio preguntando que quiso decir “fulanita” al decir tal o cual palabra. (los telefonos quedaban bloqueados por mas de una hora por su causa que no quiso jamas entender) en el ultimo tiempo se la habia pasado a segundo plano y pusimos en su lugar a quien no emplease ” palabras gringas” como decian los tele-expectadores que llamaban.

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