Encarnación

¿Quién se toma el tiempo para escribir la historia de las prostitutas? La primera vez que abrí Encarnación, la mirada triste de Lucila impresa sobre el papel me interpeló.

La primera vez que abrí Encarnación, la mirada triste de Lucila impresa sobre el papel me interpeló. Le di un par de vueltas más al libro y a la introducción de Ana Cofiño, para darme cuenta que tenía en mis manos un texto que recupera la memoria de las olvidadas. ¿Quién se toma el tiempo para escribir la historia de las prostitutas? Y me embarqué en la lectura que pone en evidencia, crudamente, cómo los cuerpos de las mujeres, nuestros cuerpos, han sido históricamente del macho, no nuestros.

Fue imposible no leer en voz alta algunos fragmentos a mi mamá y mis hermanas, quienes como yo quedaron perplejas ante el

“Es prostituta toda mujer mayor de doce años que trafica con su persona, ó se presenta voluntariamente á ser inscrita”, “cualquier mujer de quince años o más, declarada culpable de ‘mala conducta’ podía ser ‘reducida de oficio’ a un burdel por orden de las autoridades”.

(Art. 15 Capítulo IV, Reglamento para las Casas de Tolerancia de la Capital. Memorias de la Policía Nacional 1897)

José Manuel Mayorga hace un recorrido por estas disposiciones de finales del siglo XIX hasta inicios de siglo XXI, que regulan la vida sexual de las mujeres que ejercen la prostitución.

Más adelante la pluma de Carolina Escobar Sarti hace su trabajo de cuestionarnos y ponernos en contexto: Alicia, Bery, Luisa, Paula, Calia, Carmen… son mujeres como nosotras, sintieron, vivieron, lloraron, rieron, lucharon, resistieron, sobrevivieron a la violencia patriarcal que se ejerció sobre sus cuerpos. Las preguntas que plantea Carolina siguen vigentes: ¿de quién es el cuerpo de una mujer que ejerce la prostitución? ¿Por qué y para qué existe la prostitución? La prostitución es una situación que, a título personal, me causa muchas dudas, Encarnación pintó un paisaje aclarador al respecto, uno que dista mucho de los juzgamientos hacia las mujeres y se centra más en la comprensión de las vidas que a las menos desfavorecidas les tocó y les sigue tocando vivir.

Finalmente, Anna Carla Ericastilla pone los puntos sobre las íes y escribe sobre el poder. Ese que nos atraviesa el cuerpo, pero también el alma, el que construyó mecanismos y formas de control y supervisión sobre lo que está “bien y mal”. Y frente al poder como gobierno: la rebeldía.

Así, en las alrededor de 60 páginas, me dejé interpelar no solo por Lucila sino por los demás rostros recogidos en las fotografías del Archivo Histórico de la Policía Nacional, pienso en las muchas otras mujeres que vivieron el control estatal y quienes aún lo viven, celebro el esfuerzo de Ediciones Del Pensativo, al mismo tiempo que me pregunto por las historias que siguen en la oscuridad.

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