Estado, ejército y oligarquía

Compartimos comentario sobre uno de los libros que actualmente está generando controversia: “Desde el cuartel. Otra visión de Guatemala”.

Por José Rodolfo Kepfer

Esta semana leí el libro” Desde el Cuartel del Coronel del Ejército de Guatemala –en activo–, Edgar Rubio Castañeda. Lo terminé el miércoles al regresar del Lux, donde fui a ver la película El Buen Cristiano. Ésta se centra en el proceso penal por Genocidio contra los generales Ríos Montt y Rodríguez Sánchez. Aquella histórica sentencia de ¡culpable! fue revocada por la Corte de constitucionalidad, entre otras, por el llamado del CACIF en pleno a que se anulase. Esto me hizo pensar en otro fallo controversial de la CC, éste, reciente: el “gallo/gallina” relacionado con las hidroeléctricas Oxec I y II –propiedad de la familia Gutiérrez Bosch–, en cuanto a que se reanuden las operaciones, pero al mismo tiempo dicen: Señores Ministerio de Energía y Minas, consulten a la comunidad, a pesar que ésta rechaza el despojo del río.

El pasado y el presente no son compartimentos estancos; no es posible despreocuparnos del primero, porque el atender el segundo será suficiente para que el barco no se hunda –-el futuro-–. No, tenemos que atender ambos. Esta relación se vislumbra en el libro de Rubio Castañeda.

En un primer plano me parece que el libro es una crítica fuerte a la oligarquía guatemalteca, habla de la histórica cooptación del Estado y de su forma de hacer negocios. Alrededor de esta crítica surgen otros actores poderosos –e.g. el alto mando militar y el narcotráfico–. En la narrativa, todos salen a bailar en esta bacanal neoliberal en la que está inmersa la sociedad y el estado guatemaltecos.

El libro ve la luz en un momento de mucha desazón. La cotidianidad en Guatemala es densa, es viscosa. Las violencias –-de la estructural para arriba-–, nos hieren en lo individual y como sociedad todos los días. La represión y la dominación son la regla para mantener el orden de las cosas, un orden que beneficia a unos pocos en detrimento de las mayorías y que ya se trajo al traste al medio ambiente. La corrupción es otro mecanismo con el que nos relacionamos. Las causas de esta realidad son históricas y muchas están peor hoy que hace 57 años.

El libro parece muy horizontal y poco vertical. Es decir, es amplio y abarcador, pero poco profundo. Por ejemplo, presenta datos de migración, remesas, recaudación tributaria, deuda interna, externa, evasión fiscal, desnutrición, analfabetismo; habla de la industria extractiva, de la oligarquía y las “familias emergentes”, del secreto bancario y el secreto militar como excusas del poder económico y castrense para no rendir cuentas y que no les saquen sus trapitos al sol. Entre mis datos favoritos están los nombres y ubicaciones de estructuras militares que protegen intereses económicos de carácter privado. Así, en esta amplitud, no logra profundidad, a excepción diría yo, de su crítica a la oligarquía.

Sobre sus fuentes: el Coronel sí tuvo quien le escribiera. Lo digo porque me parece que detrás/al lado del relato de Rubio parecen haber otras plumas, algunos apoyos. También lo digo por sus largas transcripciones de excelentes fuentes documentales –-Dosal, Hertz, Ramonet, Kapuscinski, Stiglitz y, con estás, guatemaltecas como Guerra —Borges, Tischler Visquerra, Figueroa Ibarra, Taracena Arriola, Torres-Rivas y otras. Rubio no solamente critica, también propone. Desde una exaltación al carácter progresista del gobierno del coronel Jacobo Árbenz Guzmán –-que comparto-–, hace un llamado a la conformación de un movimiento plural y respetuoso de los derechos humanos, un “segundo movimiento progresista”. Entre otras, habla de consultar a las comunidades sobre decisiones que les afectan, sobre legitimidad y representatividad y sobre la necesidad de una nueva Constitución. Hace un llamado a la organización popular, a crear alianzas y unificaciones de esfuerzos entre “intelectuales, profesionales, sindicalistas, obreros, campesinos, exguerrilleros, asalariados, artesanos, agricultores e indígenas… clase media…” para “sacrificar a la minoría oligárquica”. Tremendo que venga de la pluma de un militar. Dimensionando adecuadamente los antagonismos, comparto que es necesario construir alianzas. La división de los movimientos sociales –-herencia de la guerra atizada por el neoliberalismo-– nos debilita.

Rubio cierra casi todas las secciones de su libro con algunas reflexiones. Leo en éstas una reivindicación a lo que para él es el lugar que debe ocupar el Ejército en el fortalecimiento del Estado y sus instituciones. Rubio es muy crítico con el alto mando militar, con la formación de la oficialidad y con el abandono en el que se tiene a la tropa. Señala la corrupción que existe en la institucionalidad castrense y los nexos y vínculos entre alto mando/oligarquía/narcotráfico/aparato de Estado; sin embargo, a la luz de la historia, sus expectativas en cuanto al potencial de la relación Pueblo-Ejército me parecen demasiado optimistas.

Los momentos en los que se refiere a la guerra en Guatemala fueron lo que me pareció más flojo del libro. Si bien en distintos momentos hay alusiones a lo sucedido, es en el capítulo VI “El Ejército de Guatemala: la relación de los generales con la oligarquía”, donde se concentran sus comentarios. Rubio reconoce las violaciones a los derechos humanos cometidas por el Ejército de Guatemala y habla de una herencia de militarización de la sociedad, de represión y de defensa del statu quo; pero también, plantea la guerra como un enfrentamiento fratricida de carácter exclusivamente importado -–en el contexto de la Guerra Fría-–, y no reconoce el carácter histórico-estructural de sus causas. Tampoco es enfático en cuanto al papel del Ejército y otras fuerzas de seguridad del Estado en las masacres y otras graves violaciones a los derechos humanos cometidas. Bueno, a lo mejor esto está en el plano de lo que yo hubiese querido leer y no de lo que él se propuso hacer.

No es un libro académico. Puede que a las personas expertas no les parezca bueno. Puede que no sea tan riguroso en el manejo de algunos conceptos, por ejemplo cuando habla de educación y de medios de comunicación y no habla de aparatos ideológicos del Estado. ¿Y?

Estos días he leído muchos comentarios en redes sociales sobre el libro. No me sorprendió leer opiniones que lo desacreditaron de primas a primeras porque el autor es militar, tan chapina esa forma dicotómica de entender las cosas. Personalmente, no me cuadran los chafas; sin embargo, pienso que uno de los valores que tiene este libro es que la crítica a la oligarquía y al alto mando militar, así como sus tímidas referencias a la guerra, las hace desde una posición de militar en activo con grado de coronel.

Yo no hablaría que se rompió el pacto de silencio entre los militares, pero sí que hay una fisurita, y no solo entre estos, sino entre estos y con los oligarcas. ¿Se me estarán olvidando los gringos?

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