Hubo genocidio, la evidencia empírica así lo demuestra

Hace tres años se dictó una sentencia histórica, única en su género.

Por Ernesto Archila

El 10 de mayo de 2013 se condenó por genocidio al General retirado Efraín Rios Montt, por las atrocidades cometidas en contra del pueblo Ixil cuando él fuera Jefe de Estado de Guatemala entre 1,982 y de 1983.

Por primera vez a nivel mundial, un tribunal nacional tenía la posibilidad de juzgar crímenes de esta naturaleza, anteriormente sólo había sido posible juzgar este tipo de delitos por medio de tribunales internacionales ad hoc. Guatemala fue noticia alrededor del mundo por haber logrado un hito en la lucha contra la impunidad, a pesar de todos los obstáculos materiales y procesales.

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Fiscales nacionales, con el acompañamiento de las víctimas fueron capaces de conducir una investigación y presentar su consecuente acusación ante los juzgados nacionales. El Tribunal de Sentencia demostró independencia y un fuerte compromiso con la justicia, dirigiendo el debate oral y público lo mejor que podía, pese a las constantes estrategias de la defensa por entorpecer y retardar el proceso. De esta forma fue declarado responsable penalmente uno de los principales violadores de los derechos humanos durante el conflicto armado interno en Guatemala.

El debate no estuvo exento de polarización, marcado en redes sociales por los hashtags #NoHuboGenocidio y #SíHuboGenocidio, reduciendo muchas veces la discusión a niveles caricaturescos donde todo es blanco o negro. La realidad por supuesto es bastante más rica y más compleja que un simple Sí o un No, las causas estructurales y las terribles consecuencias de ese conflicto hacen necesaria una reflexión más precisa.

El concepto de “genocidio” al igual que otros conceptos como el de “verdad” y “justicia” tiene implicaciones más allá de la esfera jurídica, la discusión no inicia ni termina en las leyes o en los tribunales; desde distintas áreas del conocimiento se suelen hacer aportes a estos conceptos, incluso más valiosos que los netamente jurídicos. En este proceso en particular pudo apreciarse a través de los peritajes desde diversas disciplinas (histórica, social, antropológica, sicológica, cultural, militar, etc. Los audios se pueden escuchar aquí) cómo cada quien con su propia metodología llegaba a la misma conclusión: se habían cometido atrocidades en contra del pueblo Ixil y este había tenido una motivación étnica por identificarlos como colaboradores de la guerrilla, que desde su propia disciplina y según su experiencia constituían actos genocidas.

Como sabemos diez días después de dictada la sentencia la Corte de Constitucionalidad en una clara extralimitación de sus funciones, ordenó la regresión del proceso a la etapa de investigación y por consiguiente la repetición del debate.

Hoy, tres años después que se dictara la sentencia, después de una laberíntica estrategia procesal que busca obstaculizar y retardar maliciosamente el proceso, se está realizando nuevamente el debate. Esta vez a puerta cerrada y en secreto, contrasta respecto del debate anterior la poca o nula información que se conoce sobre el mismo. Nuevamente los jueces tienen la oportunidad de demostrar imparcialidad e independencia en sus resoluciones.

No obstante, la materialidad del genocidio y sobre todo las consecuencias que se mantienen incluso hasta nuestros días, como bien lo han expuesto los expertos: existen, son palpables y demostrables. Una corte no puede ni debe contradecir la evidencia empírica, así como un gobierno no tendría la posibilidad de controlar el clima por decreto. Por ende es falsa aquella dicotomía respecto de si hubo o no hubo genocidio. La evidencia empírica, comprobable y consistente desde varias disciplinas es clara: hubo genocidio. Lo que se está determinando en tribunales en estos días es si los procesados (dos personas) tienen responsabilidad penal en aquello que ocurrió.

La lucha por la memoria sigue, hay muchos temas pendientes pero indudablemente se debe seguir avanzando en la construcción de un Estado que responda a las personas, a los pueblos y no a las élites.

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