La anticorrupción de a «pushitos»

Existen dos tipos de estrategias para enfrentar al crimen organizado: se analizan estructuras y patrones o se lanza la policía a la calle para ver qué pesca. Ello aplica para el narcotráfico o el sicariato, la trata de personas o la corrupción.

El «pushito» es una medida muy chapina: significa poquito, una pisca, algo que se puede retener entre un par de dedos. Se utiliza comúnmente en recetas de cocina, aunque también cotidianamente para referir que sobra poca comida en la olla o que una persona vende productos al por menor.

En las presentes líneas tenemos la intención de aplicar el término a los ámbitos político y económico; nos referimos a la consabida costumbre de las élites políticas y económicas guatemaltecas de centrar la atención de la lucha contra la corrupción en el robo de gasas en los hospitales o de yesos en las escuelas, encubriendo los sistemáticos y millonarios desfalcos al erario.

Así pues, la anticorrupción de a «pushitos» se refleja en el discurso de los “intelectuales” de derechas que aseguran que el desabastecimiento de medicina en los hospitales públicos se genera por la codicia del personal de limpieza, de mantenimiento o de seguridad, práctica que debe combatirse con la instalación de mayores controles en las puertas de ingreso y la aplicación de mecanismos administrativos y penales para castigar tan «antiética y antisocial» conducta.

El impacto de este tipo de mensajes es bastante fuerte: lo público está en «trapos de cucaracha» por la desidia de los mismos pobres que, no contentos con recibir su salario, le roban dinero y desarrollo a los que «sí» pagan impuestos, entre ellos la fulgurante e “incomprendida” oligarquía guatemalteca:

  • ¿Se imaginan cuántos millones de millones de quetzales se ahorraría el Estado, si los empleados municipales no se robaran los trapeadores y si las señoras de la limpieza no llevaran café a sus casas?
  • ¿Acaso no se podría erradicar el analfabetismo y la desnutrición crónica y hasta revertir los efectos del cambio climático y del corredor seco con esa millonada?
  • ¿Es que tanto ahorro no aliviaría a los emprendedores del país de las pesadísimas cargas tributarias que el inhumano sistema fiscal guatemalteco les impone?

La naturaleza de estas interrogantes y su respuesta afirmativa validan la lucha contra la corrupción de a “pushitos” como la acción que Guatemala necesita para salir de esas “injustas” calificaciones mundiales elaboradas por “economistas marxistas leninistas apostados en el Banco Mundial y en el Fondo Monetario Internacional”, que “mentirosamente” sitúan al país entre las peores democracias del continente, entre las menos transparentes y entre las que menos satisfacen las necesidades básicas de la mayoría de sus ciudadanos.

Ahora bien, el anterior marco de ideas debe implicar un acuerdo político de país, continuarían diciendo los especialistas de derechas:

  1. Los trabajadores deben comprometerse a no robar más escobas.
  2. Los ministros deben dedicar más tiempo a cuidar que no haya robo de rollos de papel higiénico.
  3. Todas y todos debemos ser garantes de este alto compromiso con la patria, en búsqueda de la paz que todas y todos anhelamos, sin divisiones, sin rencores, sin polarización, viendo hacia adelante para cambiar a Guatemala.

Aunque las palabras anteriores parecieran tener un cierto aire de ironía, la verdad es que no son un invento nuestro: las derechas en verdad así piensan. Y conforme a ese pensamiento es que actúan. Veamos algunos ejemplos:

  • Jimmy Morales se encuentra bajo serias acusaciones por actos de corrupción, y Alejandro Giamattei “descubre” que compraba panes a Q16.
  • Las cámaras empresariales lloran de angustia y dolor porque una comisión internacional los señala de corruptos, y les crean una comisión nacional.
  • Hay decepción porque el Estado no logra controlar la corrupción y se emite una ley para controlar a las organizaciones sociales…

La lucha contra la corrupción de a “pushitos” es, pues, el descubrimiento del siglo XXI en términos de administración pública, es la estrategia de desarrollo de una nación por excelencia, es el camino directo a la felicidad social. Tiene muchas más ventajas que acosar a los empresarios, verificar si los ganaderos declaran impuestos o no, controlar si los cafetaleros andan mendigando exenciones por otros 500 años o no, supervisar si la Salvavidas paga el agua que empaca y vende o no, revisar si la mina X cuenta cabal el metal que recoge o no, averiguar si los cañeros invierten dinero en el futuro presidente o no, determinar si las luces Campero realmente le cuestan algo a Dionisio o no, investigar si la iglesia de Cash Luna es una mega lavandería o no, etc….

La primera ventaja es que no incomoda a nadie, puesto que nadie puede invertir si está incómodo (¡qué alguien piense en la producción nacional, por Dios Santo!). La segunda ventaja es que puede llegar a buen término, pues no hay (mayor) peligro para peritos, defensores, jueces y fiscales al enfrentarse a un barrendero por el abominable delito de robar resmas de papel. La tercera es que no polariza porque Guatemala es una nación bendecida por Dios y, solo si está unida, será próspera, según dijo un pastor. La cuarta, no menos importante, es que esta brillante metodología le permitirá al gobierno hacer parangones en otros ámbitos, como el de la lucha contra el crimen organizado a través de puestos de registro y retenes cada seis días en todos y cada uno de los municipios del país.


Imagen de portada recuperada en https://www.dineroenimagen.com/blogs/administracion-en-la-nube/como-evitar-el-robo-hormiga-en-las-empresas/98457

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