La discriminación como cultura

Una reflexión para pensar nuestra cultura de exclusiones y prejuicios. Un desafío por construir una nueva forma de encontrarnos en lo público.

Por Neida Solís

En uno de los últimos Seminarios en que estuvimos, pude escuchar a Dionicio Canahui, representante de la Comisión Presidencial contra la Discriminación y el Racismo (CODISRA), quien estuvo planteando elementos para entender la persistencia del racismo en Guatemala. Expuso estadísticas, así como también la falta de interés de muchos sectores para dar pasos más certeros en contra del tema. Su provocación me lleva a pesar en que a pesar de estudios realizados y criticas pertinentes, sigue siendo necesario reflexionar sobre un tema que creo se instala en Guatemala ya no sólo como un prejuicio o una actitud, sino como una cultura.

Cultura del Racismo

Las y los guatemaltecos sabemos que nuestra población se compone de un número mayoritario indígena, que según nos enseñan en el centro educativo, el gobierno y la gente cercana, que los indígenas solo se encuentran en la montaña, en el pueblo, es campesino, agregando que es machista, necio, abusivo, y le encanta tapar calles. Eso nos dicen en todas partes del país, y los que vivimos en la “esfera capitalina” o en lugares donde hay más “ladinos”, lo creemos, vamos creciendo con esa idea, nos forman así desde pequeños, nos enseñan a etiquetar a las personas por su vestimenta, su tez, su creencia, su identidad o simplemente por ser indígena.

Somos racista desde el nacimiento porque nos fue impuesto desde muy atrás, hemos crecido así y lo impuesto ha pasado a ser cultura, una cultura de exclusión, una cultura de discriminación racial, reafirmada en acciones y opiniones públicas, como la columna de Martín Banús publicada por La Hora hace algún tiempo y que fue muy discutida por el racismo y discriminación de que hace gala.

No obstante ¿en qué quedó esa crítica?, ¿la hacemos desde nuestra experiencia?, ¿es parte de la frivolidad de los buenos?

Hemos crecido con la cultura de que sólo existes tú y eres más inteligente, más educado, más fuerte, más académico por ser “ladino” o por ser capitalino, aclaro (no son todos), pero inconscientemente reaccionamos arrogantes al ver a una mujer indígena con su vestimenta, o al ver a un hombre, esa idea de que sólo el “no indígena” puede llegar a tener “un titulo” universitario, es algo innato, algo que creemos, aún cuando en realidad un indígena es inteligente, es académico, es educado, cada uno y una puede lograr todo lo posible e imposible, siendo indígena o no indígena, se debe dejar de estereotipar, marcar, dejar los prejuicios por un lado, para dejar ser a cada persona, con su creencia, su forma de vida.

Ni un pueblo es superior a otro, la diferencia no debe limitar, a pesar de que la eliminación de la discriminación se encuentre en la agenda de Gobierno, no se lleva a cabo, no se practica, siguen siendo desafíos políticos, jurídicos, institucionales y ciudadanos. Pero muchos y muchas hemos decidido seguir siendo indígena.

Toda forma de discriminación sea presentado por ser mujer, por ser joven, por ser niño, por ser anciano, por ser hombre; todos y todas en algún momento han atravesado por esa línea gruesa del racismo que lleva consigo historia, fuerza, lástima y dolor.

Como seres humanos, dejemos fluir nuestra existencia con respeto, dejemos esa cultura que solo hiere, alejemos esos modelos de pensamientos que solo abren brechas en la sociedad, hagamos el cambio social. Puede parecer una utopía pero no se debe perder ese anhelo por una sociedad libre.

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