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La revolución cercenada

A sesenta años del derrocamiento del presidente Jacobo Árbenz, compartimos 12 claves sobre la magnitud del dispositivo montado para detener los avances revolucionarios de su gobierno.

El 27 de junio de 1954, el presidente Jacobo Árbenz Guzmán anunció su renuncia a la Presidencia de la República de Guatemala. Con voz cansada, pero firme, expresó que lo hacía por amor a su pueblo: para que a pesar de la intransigencia del gobierno estadounidense y de la reacción conservadora, los más importantes logros de la revolución se mantuvieran. Además, aseguró que confiaba en que el Ejército de Guatemala sabría defender los ideales democráticos y nacionalistas que inspiraban el proceso que lideraba.

Por décadas se desconoció con certeza la magnitud del dispositivo montado para detener los avances revolucionarios, cuyo escenario completo fue ignoto incluso para la mayor parte de los protagonistas de aquella coyuntura. Gracias a la valiente y progresiva denuncia de muchos de sus personajes (en prisión, en la clandestinidad o en el exilio), al avance de las investigaciones históricas y sociales en general y a otros eventos externos (como la desclasificación de documentos secretos por parte del gobierno de los Estados Unidos de América), hoy se conoce mejor el contexto de aquel drama.

Se sabe, por ejemplo:

  • que la conspiración internacional para derribar al segundo gobierno revolucionario empezó tan temprano como en 1950;
  • que Truman le dio luz verde a a esta conspiración a través de una de las primeras acciones encubiertas de la Agencia Central de Inteligencia – CIA – de los Estados Unidos, en 1952;
  • que esta acción encubierta se denominó Operación Éxito y que contenía tres componentes: psicológico, político-diplomático y militar (en ese orden) y que se le dio un presupuesto de $3.000.000;
  • que decenas de guatemaltecos antirevolucionarios visitaron a dictadores latinoamericanos (Somoza y Trujillo, por ejemplo) para pedir mediación para que la CIA los eligiera como líderes de un grupo de mercenarios que tuviera por objetivo derrocar a Árbenz —el elegido fue Carlos Castillo Armas (de quien los estadounidenses dijeron que era un hombre inepto pero que no pedía mucho y se perfilaba dócil)-;
  • que los partidos revolucionarios se alarmaron y, salvo personajes muy notables – posteriormente perseguidos y encarcelados, ejecutados o exiliados –, exigieron al Presidente detener las medidas revolucionarias ante el temor de una invasión estadounidense (la cual se dejaba entrever como posible en el marco de la guerra psicológica);
  • que la oficialidad del Ejército de Guatemala cundió en pánico ante las amenazas proferidas sotto voce por parte del gobierno estadounidense y que la alta oficialidad traicionó al gobierno a cambio de ofrecimientos materiales y de puestos al ser relevado el gobierno;
  • que a nivel latinoamericano —y aún en Europa– hubo diplomáticos estadounidenses encargados directamente de obligar a los gobiernos a acusar a Guatemala por comunismo y a avalar una intervención económica, política y militar;
  • que las tropas mercenarias fueron entrenadas en Honduras y que se preparaba una estrategia para que El Salvador y Honduras denunciaran falsas agresiones por parte del gobierno de Árbenz;
  • que hubo comunicadores nacionales e internacionales pagados para desacreditar al gobierno y a sus simpatizantes y para desinformar y sembrar miedo durante dicho periodo;
  • que la cúpula de la Iglesia Católica tuvo conocimiento de estos hechos y que preparó condiciones subjetivas para declarle la guerra al gobierno, indicando que era una obligación cristiana apoyar un golpe de Estado;
  • que entre los más entusiastas promotores de estos sucesos se encontraban algunos accionistas de la United Fruit Company, quienes coincidentemente eran funcionarios, o parientes de ellos, del gobierno de Truman; y,
  • que los terratenientes guatemaltecos de la fecha – y sus hijos y nietos hoy – apadrinaron estos sucesos, bautizándolos con el nombre de Movimiento de Liberación Nacional – y todas sus vertientes –, resultando beneficiados con mayores cantidades de tierras, tanto aquellos que fueron objeto de expropiación legal entre 1952 y 1954 como los que no.

El desenlace de junio de 1954 se vivió y se vive dramáticamente en Guatemala. No solamente significó que una transformación social profunda no podría efectuarse por la vía institucional sino que implicó la muerte y vilipendio de una generación de jóvenes que intentaron cambiar las estructuras económicas de un país atrasado. La lección fue tremenda: el desarrollo del país o es para pocos o no lo es; y así se entendió.

2 Comments

    • Juan Pablo Muñoz / Bibliografía

      Estimado Luis: hay bastante material al respecto. Tres libros (entre varios) te podrìa recomendar ahora: 1) “La esperanza rota. La revolución guatemalteca y los Estados Unidos, 1944-1954”, de Piero Gleijeses; esta es la investigación de conjunto más amplia que actualmente hay al respecto; 2) Busca a García Ferreiro, un historiador de las relaciones interamericanas del siglo XX, uruguayo, quien ha escrito bastante sobre la estancia de Árbenz en el exilio (lo importante es que allí se revelan elementos importantes de la persecución de que fue objeto desde el inicio de su gobierno); 3) PB SUCCES, de Nick Cullather (que es una descripciòn de la operaciòn Èxito).
      El primer autor es vendido en Editorial Universitaria de la USAC (cuesta como Q150 pero vale la pena); el 2do. ha escrito para el CEUR – USAC, edificio S11 3r. nivel; el tercero, lo venden en la Tipografía Nacional.
      Esos autores en su bibliografía mencionan a mucha más bibliografía.
      Saludos y cualquier onda te respondemos por acá o podés meterte a la página del Ceppas!!!

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