Los tres compromisos de la ecología política según Tom Perreault

Compartirmos las reflexiones del sociólogo en el marco del primer Congreso Latinoamericano de Ecología Política realizado en Chile en octubre de 2014.

Por Ainhoa Mingolarra

¿Qué es le ecología política? ¿Existe una ecología política latinoamericana? Podemos responder de manera no concluyente, con la definición que hizo Tom Perreault, de la Universidad de Syracusse, cuando explicó que la ecología política es una aporía; es decir, una paradoja de la lógica insuperable, llena de contradicciones.

Para Tom Perrault la ecología política tiene 3 compromisos:

  1. Un compromiso teórico: con la teoría crítica, el marxismo y las relaciones de clase y sociedad; con las teorías del post-colonialismo y del feminismo; así como con el post-positivismo. Esta sería la ecología política como proyecto epistemológico, sin separar el conocimiento de la naturaleza ni del poder.
  2. Un compromiso metodológico: con la utilización de métodos post-positivistas, incluyendo métodos etnográficos abiertos, métodos cualitativos; entrevistas y encuestas, análisis, observación directa, revisión de archivos históricos, y sin olvidar el método científico; es decir, una metodología plural.
  3. Un compromiso político: con la política y la ética de la justicia ambiental, aliada de las luchas campesinas y de los pueblos y grupos marginados. Es este compromiso político lo que aleja a la ecología política de otras disciplinas que separan la naturaleza de la sociedad como la ecología clásica, la ecología cultural o la ecología urbana. La ecología política busca entender los procesos socio-naturales hacia una justicia ambiental.

Incluso, para definir la ecología política también podemos utilizar la definición más concisa de Martínez Alier, uno de los precursores de esta disciplina en España y miembro del comité académico de este congreso: la ecología política es el “marco conceptual para entender la sociedad y la naturaleza (en el acceso y control de los recursos naturales) en el contexto de poder.” (Martínez Alier, 2002).

Sobre la ecología política latinoamericana, Tom Perrault comenzó con un repaso a las distintas tradiciones; la ecología política anglófona, con raíces en la antropología y en la geografía y con influencia marxista; la francesa, con raíces en los sistemas agrarios y las colonias africanas; o la alemana, más vinculada a la política formal con el surgimiento del partido ecologista Los Verdes. Sin embargo, la tradición latinoamericana es más independiente, viene del mundo colonizado, de la opresión y de las luchas liberadoras, y recurre también a fuentes del pensamiento latinoamericano.

Y entonces surgía otra pregunta ¿qué tipo de ecología política necesitamos para el siglo XXI? Post-neoliberal, aunque no post-capitalista, contestaron, ¿y eso en qué se traduce? Y ¿cómo respondemos a las demás preguntas planteadas? En eso estamos. En primer lugar, debemos evitar el discurso maniqueo, y como un investigador joven mencionó, es necesario ir más allá del marxismo y del post-estructuralismo y ampliar el marco teórico, especialmente cuando hablamos de la ecología política del tercer mundo.

Estos son, por tanto, los desafíos académicos e institucionales ante los cuales nos encontramos; pero sin olvidar, precisamente, a Marx cuando escribió: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo” (Carl Marx, 1845).1

* Ainhoa Mingolarra es bióloga por la Universidad del País Vasco y filósofa por la Universidad Humboldt de Berlín, consultora especialista en ecología política y derecho ambiental.

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