Ni olvido, ni perdón

Dignificar a las víctimas del conflicto armado interno es una acción colectiva y consciente, enfocada en la búsqueda de identidad y en la no repetición de los hechos de violencia.

Por: Diversidad Feminista

Ni olvido, ni perdón; dos negaciones claras y sencillas. Corresponden a la filosofía negativa, contraria al pensamiento hegemónico del olvido. Así, la memoria es un territorio en disputa, pues en el imaginario de la mayoría de la población guatemalteca está incrustada la idea general de olvidar para avanzar como sociedad; idea que ha sido forjada por las autoridades estatales.

Imposible olvidar, si estamos hechos de historia.

De la toma de conciencia individual nace la acción colectiva, nos dice Gramsci. Como parte de esta toma de conciencia y acciones colectivas surgen las conmemoraciones para recordar a las víctimas del conflicto armado interno. Ejemplo de ello es que cada 25 de febrero se dignifica a las víctimas del conflicto armado interno ocurrido en Guatemala. Se concibió esta conmemoración para todo el territorio nacional, para adoptar este día como parte del haber cultural, para meditar y recordar lo ocurrido como parte del presente, con el fin de que no se repitan hechos como las graves violaciones contra la población civil, para conocer nuestra historia y las causas de las condiciones sociales presentes, para crear empatía e identidad.

Se busca la institucionalización de la memoria con espacios o acciones conmemorativas semánticos o con actividades específicas en las que se puede afirmar abiertamente qué fue lo que ocurrió y por qué ocurrió, no sólo a la población, sino también a los visitantes de estos sitios y a los niños y niñas, para que la memoria prevalezca con el paso del tiempo. El Estado debe incluir en sus políticas y leyes la institucionalización de espacios que comuniquen y conmemoren abiertamente la historia reciente del país.

Fotografía: Diversidad Feminista. La cima del cerro Pak’oxom, Aldea Río Negro Baja Verapaz “En memoria de las 70 mujeres y 107 niños fallecidos en la masacre / no más violencia hacia la humanidad”.

El 13 de marzo de cada año acontece otra acción conmemorativa semántica que expresa la historia reciente de la aldea Río Negro, Rabinal, Baja Verapaz, y en la que se recuerdan las víctimas de la masacre del cerro Pak’oxom.

Esta conmemoración, así como la del 25 de febrero, no recibe apoyo estatal. Son iniciativas que la sociedad lleva a cabo bajo la bandera de la memoria histórica.

La memoria histórica contiene múltiples funciones sociopolíticas:

  • Legitimación de un grupo ante otro.
  • Creación de identidades colectivas.
  • Confección de argumentos para fines políticos, económicos y sociales.

La pluralidad está presente en este tipo de memoria. Cada comunidad contiene en sí misma su propia historia y la forma de preservarla y expresarla. En el contexto específico de Guatemala, la memoria histórica está íntimamente ligada con el período de guerra que se vivió en la segunda mitad del siglo pasado. Pues, la Guerra y sus secuelas aún están presentes en la sociedad y tienen efecto causal en la actual violencia y falta de empatía que vivimos. Negar la memoria es una faceta de esta violencia. Así nacen acciones para rechazar violencias y negaciones con consignas como «ni olvido, ni perdón».

Las paredes de la ciudad a menudo se encuentran empapeladas con imágenes de víctimas y desaparecidos del conflicto.  Estas imágenes están impresas en blanco y negro, sobre hojas sencillas de papel, e integran la consigna «ni olvido, ni perdón», una fotografía de la persona e información acerca de las circunstancias de su muerte o desaparición.

Imagen tomada de: @HijosGuatemala

Esta imagen no refiere a una víctima del conflicto armado. José Cal Xol fue asesinado en el año 2018 por defender tierras comunales ancestrales. El discurso de la violencia refleja la poca tolerancia hacia lo diferente, y se traduce en el despojo de los recursos como territorios, ríos y bosques. Esta es la misma violencia estatal y la respuesta de la población es la misma también: «ni olvido, ni perdón». Esto es un ejemplo de cómo el presente está marcado por el pasado.

La Comisión para el Esclarecimiento Histórico —CEH—, en el Tomo V, Conclusiones y Recomendaciones, Capítulo Quinto, propone una serie de medidas y recomendaciones necesarias para la dignificación efectiva de las víctimas y la no repetición de los hechos. Se persigue la reconciliación de las víctimas con los victimarios, reconstrucción y reconciliación nacional, sin dejar de lado la justicia para las víctimas.

Algunas de estas recomendaciones fueron acatadas, pero han sido pocas y no concluyentes. Como parte de esta sociedad exigimos a las autoridades llevar a cabo las acciones recomendadas:

  • Preservar la memoria de las víctimas;
  • Acelerar la reparación a las víctimas;
  • Fomentar una cultura de respeto mutuo y de observancia de los derechos humanos;
  • Fortalecer el proceso democrático;
  • Favorecer la paz y la concordia nacional; y,
  • Fortalecer la entidad responsable de vigilar e impulsar el cumplimiento de las recomendaciones.

200 000 muertos, 45 000 desaparecidos, y más de 100 000 desplazados es el saldo del conflicto armado interno en Guatemala. Recordar a cada una de las víctimas y dignificarla no es tener resentimiento. No es la memoria de la represión. No se busca la memoria de la guerra y la violencia y la tristeza. Decir «no» estará presente en nuestro vocabulario porque así se rechaza lo impuesto.

Es necesaria la construcción de una memoria colectiva para dignificar las víctimas de aquella época, y con esto aseguramos una vida digna para quienes estamos aquí en el presente.

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