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Por la dignidad de las flores

Las 12 comunidades en Resistencia de San Juan Sacatpéquez exigen la defensa de los bienes de la naturaleza esenciales para el buen vivir y piden al Estado el cumplimiento de la consulta previa, libre e informada.

Por Ernesto Archila

El 16 de junio pasado se realizó la Marcha por la dignidad de las flores con el fin de exigir al Estado que respete la consulta comunitaria y se abstenga de seguir criminalizando, persiguiendo y despojando a las comunidades que permanecen en resistencia, en relación a la implantación de la cementera  Maya’ Kaqchikel.

A partir de las 7:30 horas, miembros de las 12 comunidades en Resistencia de San Juan Sacatpéquez, miles de mujeres y hombres, jóvenes y adultos se reunieron para dar inicio a la marcha pacífica. Su destino, la capital. Su propósito, crear conciencia en la población sobre la grave situación que viven quienes ya han permanecido en resistencia pacífica desde el año 2006.

Al llegar a la ciudad de Guatemala se dirigieron a las instalaciones del gobierno y del Ministerio Público a hacer entrega del documento que incluía sus peticiones: el derecho a una consulta libre, previa e informada; la defensa de los bienes de la naturaleza esenciales para el buen vivir (agua potable, bosques, territorio, vida), y, concretamente al Ministerio Público, la solicitud de no prestarse a la criminalización de la protesta social y al encarcelamiento de líderes comunitarios en resistencia pacífica.

Desde el gobierno, la respuesta a lo largo de los años ha sido ambivalente. Por un lado se promete la instalación de mesas de diálogo y encontrar una salida negociada al conflicto. Pero después de 8 años el diálogo no ha sido efectivo. De hecho, ha sido utilizado como una estrategia de distracción para continuar con la imposición del proyecto cementero. Por otro lado, existe una estrategia de criminalización y desarticulación del movimiento social a través de la persecución y el desprestigio de quienes participan de estos movimientos, o les prestan su colaboración.

Las comunidades continúan en resistencia pacífica, pero ¿por cuánto tiempo?, ¿a qué costo? El gobierno parece estar muy cómodo manteniendo a las comunidades en una espiral de diálogo sin salida a la espera que el movimiento muera de inanición o que, en su desesperación, las comunidades cometan “errores tácticos” que justifiquen una vez más el uso de la fuerza en su contra.

Mientras tanto, buena parte de la población urbana, mestiza, de clases medias, permanece entre la ignorancia y la indiferencia. Lejos del reproche, las 12 comunidades y los otros movimientos de resistencia, deben recibir el apoyo y acompañamiento de diversos sectores, pues las luchas de estas comunidades son las luchas de todas y todos, en la construcción de modelos políticos y económicos sostenibles, democráticos y, sobre todo, más justos.

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