¿Qué es ecología social y por qué debería Guatemala aplicarla?

Primera parte de una serie de reflexiones sobre la ecología social.

_ Por Andrea Gómez Recinos_

Empieza otro día en la ciudad de Guatemala. Uso mi carro, llego a la oficina, enciendo la luz, la computadora. Me sirvo un vaso con agua. Me pongo a trabajar. Después de unos minutos me pongo a pensar: ¿cuánta energía acabo de usar?

Una de las maneras de medir la energía que usamos es la huella de carbono. Es apenas una medida creada porque casi todas las actividades humanas deterioran el ambiente. Acciones simples como bañarse, cocinar o usar la computadora. Esto produce un aumento en la emisión de gases de efecto invernadero (GEI); es decir, los gases que están contribuyendo al cambio climático calentando la atmósfera.

La Huella de Carbono (HC) mide todos los gases GEI que producimos de forma directa o indirecta como personas, organizaciones, actividades o productos. Para 2014, según el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (CONAP), el país era responsable de emitir 0,07 por ciento de los gases GEI en el mundo. Mitigar el efecto retenedor de calor en la atmósfera es posible si conocemos el tamaño de esa huella. Guatemala ha tomado medidas estratégicas para reducirla. Aprendemos a disminuir nuestra huella de carbono pero no siempre aprendemos a cuestionar el sistema que la permite generarse.

Si el cambio climático continúa ocurriendo la tierra podría experimentar un aumento de gases a niveles que no ha tenido en millones de años. Esto cambiaría las condiciones planetarias, alejándolas de la compatibilidad con la vida humana. Se nos acaba el tiempo, pero ¿por qué?

Aprendemos a consumir. A consumir la naturaleza, a consumirnos a nosotros y nosotras y a cambiar de lugar cuando el consumo ya no es posible. Por otro lado, la cosmovisión de los pueblos originarios nos enseña a convivir. Nacemos y crecemos gracias a la Madre Tierra, gracias a la naturaleza. Estamos aquí gracias a que somos parte de la totalidad, de la diversidad y de la complementariedad.

¿Qué es ecología social?

Como señala E. A. Gutkind: “La meta de la ecología social es la totalidad y no la mera suma de innumerables detalles tomados al azar e interpretados subjetiva e insuficientemente”. Es una postura ética ante la relación ser humano-naturaleza que cuestiona las relaciones de poder. Parte de la investigación para la acción y la transformación. Bookchin nos lo enseña.

La realidad del estado del medioambiente y el estado de las sociedades humanas no puede ignorarse. Caminamos cada vez más rápido hacia la depredación entre unos y otros. Nuestro comportamiento apunta a una reducción drástica de la biodiversidad y del equilibrio de los ecosistemas. Nuestra modernidad nos pone en peligro. Y no solo a nosotros, pone en peligro al lugar que nos da vida.

¿Qué proponemos desde la ecología social?

La ecología social replantea la manera en que nos relacionamos y en que nos comprendemos como colectivo. Nos hace regresar a nuestro origen y cuestionar nuestra percepción del deber y el tener en sintonía con la naturaleza. Para saber que estamos a favor de la ecología, del mundo y de la vida primero debemos discernirla del ambientalismo.

El ambientalismo está a favor de la conservación de la naturaleza en tanto continúe sirviendo al ser humano y sus necesidades. Esto implica la concepción de que existen recursos naturales como el agua, los bosques y el petróleo. Esta manera de pensar nos sitúa en una posición de ventaja y de poder frente al planeta y sus habitantes. Nos da la capacidad para desviar ríos, contaminar el aire y dormir tranquilamente después de hacerlo.

El ecologismo nos dice que estamos adentro del ecosistema, en equilibrio. Ni al frente ni por encima, como propone la cadena alimentaria. Nos dice que existe otra manera de relacionarnos con la naturaleza: sin jerarquía, con generosidad y humanidad. Y no sólo se refiere a la naturaleza, también a la manera en que nos tratamos, en que nos escuchamos y en que nos movemos por el mundo. La ecología social concibe prácticas para revertir el proceso de destrucción del medioambiente. Es una postura política. Como también lo es la indiferencia. Y la lucha por conservar la naturaleza y respetar los ciclos de la tierra en toda su complejidad también lo es.

Como colectivo y como individuos, d*esde la ecología social podemos empezar por negar la jerarquía*, la que diferencia y otorga privilegios de poder y decisión a empresas, multinacionales, proyectos extractivistas; a nosotros. Esa jerarquía que nos da la capacidad para creer que podemos dominar. En nuestras relaciones cotidianas con el otro o la otra. Las acciones, las ideas, las propuestas empiezan con el diálogo horizontal. Comunicarnos y escucharnos. El pensamiento occidental no es horizontal, no vive en la humildad pero puede hacerlo. Puede convertirse en un pensamiento ecológico y humanista. ¿Qué significa eso?

Reconocer la diversidad biológica y cultural. Convivir con la naturaleza de forma integral respetando las diferentes manifestaciones étnicas de la humanidad, y biológicas de la naturaleza. Tener una ciudadanía activa, y clara la importancia de la autogestión. Dimensionar el impacto que cada acción tiene en el ambiente. Reclamar nuestros derechos a una vida libre de contaminantes, de alimentos genéticamente modificados, al uso de combustibles fósiles y al consumo excesivo de sustancias químicas. Empezar la relación horizontal con nuestro cuerpo, el de hoy. Entender de qué nos alimentamos, de dónde viene y qué costo tiene, para agricultores y para el ambiente.

Vivir con la intención de la generosidad posicionándonos adentro del todo y no encima. Saber que existen otras maneras de relacionarnos con la naturaleza. Conocer el Buen Vivir, exigir medios alternativos de transporte. Exigir el tratamiento de todos los deshechos de la ciudad. Exigir el tratamiento de las aguas, el cuidado de los bosques. Procurar nuestro cuidado. Empezar por nosotras y nosotros.

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