Resistencia pacífica de Casillas contra la mina San Rafael

Estuvimos con las compañeras y compañeros de la resistencia pacífica de Casillas, en Santa Rosa. Hablamos sobre los impactos de la mina San Rafael y la defensa de la vida.



Por Eleanor Katz y Selvin Torres
Fotos: Pedro Istupe

En julio de 2017, los habitantes de los municipios alrededor de la Mina San Rafael decidieron instalar una resistencia pacífica en la entrada a Casillas, Santa Rosa. Cuatro meses después, en noviembre, las comunidades organizadas en resistencia instalaron un plantón en las afueras de la Corte de Constitucionalidad (CC) en la ciudad capital. Ambas acciones se realizan para demandar un fallo favorable que de paso al cese y cierre definitivo de la mina.

Hombres, mujeres, niños y personas mayores de los departamentos de Santa Rosa y Jalapa, mantienen turnos de 24 horas en la resistencia de Casillas y cada día viajan a la ciudad capital para hacer turno en el plantón ubicado en la CC. Las acciones colectivas de resistencia son motivadas por la suspensión provisional del proyecto El Escobal de la empresa canadiense Tahoe Resources por parte de la Corte Suprema de Justicia (CSJ).

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Resistencia pacífica en Casillas

En el 2010 la empresa llegó al municipio de Santa Rosa con la intención de comprar tierras. Se decía que los terrenos eran para construir una maquila, sin embargo, tres años después, la construcción de una mina fue evidente.

La Ley de Minería de 1997 y la apertura del modelo neoliberal dio incentivos a empresas nacionales y extranjeras para invertir en proyectos extractivos. Su historia más reciente en explotación de minerales son el caso de la Mina Marlin en el departamento de San Marcos y ahora la Mina San Rafael en Santa Rosa. La inversión en proyectos mineros alude a que esta actividad económica traerá empleo, crecimiento económico y desarrollo a las comunidades. Los datos demuestran lo contrario, la actividad minera representa un bajo porcentaje al PIB y deja daños al medio ambiente en algunos casos irreparables.

La empresa Minera San Rafael, S.A. subsidiaria en Guatemala de Tahoe Resources Inc, empresa canadiense, solicitó en el 2011 la licencia de explotación de oro, plata, níquel, cobalto y otros minerales en un territorio de 19.99 Km2 en el municipio de San Rafael Las Flores, Santa Rosa. La solicitud deriva de la licencia de exploración OASIS (LEXR-040-06). En el 2013 el Ministerio de Energía y Minas otorgó la licencia de explotación al proyecto “Escobal” por un plazo de 25 años.

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Vistas de la mina. El impacto en el paisaje es evidente.

En la entrada a Casillas se encuentra ubicada la resistencia pacífica al lado de una gasolinera. La intención es no dejar pasar camiones que transporten materiales para la mina o alguna tipo de combustible. En este mismo lugar unos meses atrás se dieron enfrentamientos entre grupos policiales y pobladores que se encontraban en la resistencia. El saldo: heridos y abusos por parte de las fuerzas de seguridad.

Desde el inicio, la construcción de la mina ha tenido una fuerte oposición de varios municipios de los departamentos de Santa Rosa y Jalapa. Los pobladores rechazan la mina en defensa de los bienes naturales, su territorio y principalmente el agua. Desde el 2013 se contabilizan muertes, personas heridas, detenciones, criminalización, procesos judiciales y un estado de sitio durante el gobierno de Otto Pérez Molina. Se suma a esta lista una demanda civil ante la Corte Suprema de Justicia de British Columbia, Canadá por ataques de agentes de seguridad privada del proyecto minero hacia comunitarios que se encontraban en oposición a la mina.

Llegando a San Rafael las Flores, a un lado de la construcción de la mina se encuentra una aldea llamada La Cuchilla. De las cerca de 90 familias que vivían ahí, ahora viven solo 11. Las vibraciones por la construcción de la mina causaron serios daños a las viviendas que tenían alrededor de 100 años de estar viviendo en ese lugar. Construidas en su mayoría con adobe, estas viviendas son las más cercanas a la mina. Una escuela en un lugar inhabilitado y una iglesia católica forman parte de la aldea. Tan solo a un metro en todo el camino cuesta arriba se encuentra la malla que divide el terreno de la mina y las casas que aun habitan en lugar.

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Una de muchas casas que tuvo que ser deshabitada a raíz de los daños producidos por las faenas de la mina

Dada las vibraciones por la construcción de la mina, los pobladores no podían dormir por el ruido y por el temor a los movimientos de los trabajos que realizaban durante el día y la tarde. Subiendo la montaña, a lo largo del camino estrecho y con subidas pronunciadas, se pueden ver las casas desocupadas siendo ahora solo un esqueleto de cuatro paredes. No hay puertas ni techos de lámina. Ni el terremoto de 1976 logró lo que la mina hizo en 3 años; que las personas dejaran sus terrenos y ser forzadas a vivir en otro lugar.

La mina compró la mayoría de casas del lugar aunque no pagó por el total de los terrenos. Las familias que aún se encuentran en La Cuchilla ya no quieren vivir ahí, sus casas tiene rajaduras y la mina no quiere que la gente habite el lugar, sin embargo la empresa no les quiere pagar por el total de los terrenos. La empresa minera ofreció Q.45.00 por m2.

En 2015 la primera casa se cayó, no hubo heridos pero sí graves daños en la infraestructura. Las grietas fueron evidentes en el suelo y en los terrenos que van desde lo alto de la montaña hasta la primer casa desocupada. La iglesia no se salva de estos daños, el párroco mandó a sacar las imágenes y colocó dos candados a la iglesia del lugar.

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Grietas, rajaduras, daños estructurales, abundan en las casa y construcciones cercanas a la mina

Entre el sonido de los árboles, el viento y lo silencioso del lugar, se escucha el ruido de la de los generadores de la mina. Aunque no se encuentra en operación, dada la suspensión de la Corte Suprema de Justicia, de acuerdo a los pobladores la mina sigue trabajando bombeando el agua que sacan del túnel de la montaña.

Desde hace 5 meses dos helicópteros forman parte del paisaje del lugar. No se sabe la procedencia pero lo que es seguro es que se dirigen a las instalaciones de la mina. De acuerdo a los testimonios del lugar, los helicópteros hacen constantes viajes por la mañana para transportar diesel, esto con el fin de continuar sus trabajos y así utilizar la maquinaria del lugar. Luego de tomar algunas fotografías en lo alto de la montaña y ver un pick up que se acercaba a la malla, los helicópteros ya no siguieron realizando más viajes. La historia se repite con el pasar de los días.

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Desde lo alto de la montaña en La Cuchilla se puede ver la inmensidad del terreno de la mina. Todo se encuentra cercado y desde la parte trasera de la iglesia se puede ver la entrada al túnel que están construyendo muy cerca al lugar donde aún se encuentran casas habitadas. Desde este punto también se visualizan dos piletas que son utilizadas para obtener los minerales extraídos a través de un proceso que combina agua con químicos como el ácido sulfúrico y cianuro.

Los procesos de resistencia continúan. Los pobladores buscan la suspensión de manera definitiva de las licencias mineras en Santa Rosa. Los daños son evidentes, incluyen casas desocupadas, poblaciones desplazadas, división social, contaminación pero además una lucha y resistencia en defensa de la vida, el agua y la tierra.

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